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Cuando niño no era bien vista en casa, bueno nomás por las tardes, solo había una en casa y generalmente estaba muda.

A los niños nos dejaban tener contacto con ella por las tardes, pero solo un ratito, luego venían las mamás, la familia entera y ya por la noche solo los adultos.

Pero un día, esa presencia se convirtió en algo así como nuestra enemiga, en nuestra pesadilla, se comenzó a multiplicar y entonces ya no solo era una, ni dos, había casas en las que habitaban varias, y la gente comenzó a dejar de compartirla y la veían juntos, cada quien lo que quería a la hora que quería.

Se le dio más importancia el verla, el admirarla que el pasar tiempo con los amigos, la familia, con uno mismo y su soledad, esa soledad, ese silencio que solo es para privilegiados.

A veces me pregunto si hay personas que tienen miedo de estar a solas, en silencio, necesitan ese ruido de fondo, esa triste compañera para no sentirse solas o quizá para no ver la realidad.

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La televisión de pronto se convirtió en niñera, en educadora, en el primer contacto de muchos bebés y niños con la realidad, si es que eso es la realidad.

Luego se les conectó una consola con videojuegos y los jóvenes pasaron la mayor parte del tiempo pegados al sofá dejando a un lado aquellos paseos en bicicleta, las tertulias, el tener un trabajo por las tardes o los fines de semana, o el simple, sencillo y gratificante ocio.

No, la televisión no dejaba ciego a nadie como nos decían nuestros padres para que dejáramos de verla, pero quizá deja otras secuelas en el ser humano y más aún en nuestros niños y niñas.

iPhone, iPad, iMadres

Ahora, no solo tenemos en nuestra casa a la TV para alejarnos, ahora cada miembro de la familia cuenta con un dispositivo (o más) que le permite estar más “cerca” de los suyos, de sus “amigos” (sin estar).

Bienvenido a nuestras vidas Señor teléfono inteligente (que suele ser más listo que muchos de sus dueños),  bienvenidas Señoras tablets, ahora cada vez más jóvenes (y adultos) andan por la vida con la cabeza baja, mirando al suelo como si se avergonzaran de algo, como si hicieran una venia o una reverencia a algo divino, sagrado.

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A veces me pregunto si el fondo de todo esto, es que el ser humano tiene miedo a sí mismo, a sus semejantes, y todo esto es mero pretexto para no enfrentarse a lo desconocido…nuestro interior.

Espero no sea demasiado tarde para levantar la cabeza, vernos más a los ojos, decirnos las cosas de frente, tener dignidad.

Deseo que un día, una tarde, todos los niños y jóvenes dejen el sofá, el  aparato inteligente y no hagan nada, se aburran, practiquen el ocio hasta que se encuentren a ellos mismos, y luego, cuando estén verdaderamente cansados, prueben con salir a la calle, buscar a sus amigos, quien quita y en una de esas hasta les gusta y se les hace una costumbre…muy, muy buena por cierto.

 

¡Hasta el próximo  Sábado!

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