Como si no fueran suficientes los problemas de vivir en Ciudad de México, millones de ciudadanos tienen que enfrentarse, además de la delincuencia, a eventos naturales tan simples como las lluvias porque ya no se necesitan grandes y prolongadas tormentas para que se registren inundaciones importantes.

La temporada de lluvias apenas inició y en poco tiempo quedó en evidencia lo desastroso que puede ser una tormenta común. Aunque por momentos podía parecernos atípicas por lo intensas estas actuales lluvias, y las inundaciones que producen, no son consecuencia del cambio climático sino parte del ciclo natural de lluvias; en el pasado han ocurrido lluvias de intensidad similar -o más fuertes- pero no han dejado las mismas consecuencias que vemos ahora. ¿Entonces por qué la ciudad se inunda con facilidad?

Imagen: Inundación dentro del Instituto Electoral del Distrito Federal – 28 de mayo 2017. (Créditos: Iberomed)

Una de las principales causas de que esto ocurra es un fenómeno conocido como subsidencia. Esto ocurre por la sobreexplotación de los mantos acuíferos que se encuentran en el subsuelo y que provén de agua a millones de personas al día. Al bombeo de agua también se suma el crecimiento poco controlado (o sin control) de las ciudades y todo el peso que se concentra en algunos kilómetros cuadrados con la construcción de grandes rascacielos o inmensos conjuntos habitacionales.

La capital del país está fundada en lo que alguna vez fue un gran lago por lo que el suelo debajo de la ciudad es fangoso, blando y que sabemos amplifica el efecto de los sismos tal y como ocurrió en 1985.

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Un poco de historia: La ciudad de México, y la zona metropolitana, se asentaron una cuenca lacustre formada por cinco lagos que se unían en época de lluvias. A la llegada de los colonizadores españoles, aunque los lagos cubrían una gran superficie, ya se encontraba en proceso de desecación, el cual se acentuó artificialmente durante la época colonial y buena parte del siglo XIX.

Imagen: fachadas parecen ondular por notorio hundimiento –que no es parejo- en la zona centro de CDMX. (Crédito imagen: Revista Mira).

El hecho de que la ciudad de México se haya fundado sobre un lago da idea del tipo de subsuelo que se encuentra debajo de ella, es decir, blando y con grandes mantos acuíferos. Ambas condiciones han propiciado históricamente que las construcciones se hundan, ya sea por el reblandecimiento del suelo o por la extracción del agua para consumo.

En promedio, se consumen 34 mil litros de agua por segundo de los cuales, el 49.3% es suministrado por los mantos acuíferos debajo de la Ciudad, el 28.3% por el sistema Cutzamala, el 12% por el sistema Lerma y el 8.4% por acuíferos al surponiente de la ciudad.

Algunos datos señalan que la ciudad se ha hundido casi 9 metros desde 1856. Un claro ejemplo es la Catedral Metropolitana tiene una subsidencia de aproximadamente 6 cm/año y en general, la zona centro, tiene una subsidencia de 10 cm/año. Una simple caminata por el centro de la ciudad nos permitirá ver edificios con notables inclinaciones producto de la inestabilidad del suelo blando.

Datos satelitales mostraron cómo se ha hundido la zona oriente de CDMX incluidos varios municipios del Estado de México; la subsidencia ha sido medida a razón de 2.5 cm por mes. Es justo en esta zona, donde se ubica el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, donde se registra un severo hundimiento de 30 cm/año en la terminal 2.

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Imagen: El satélite Sentinel-1A escaneó 5 veces la Ciudad de México de octubre a diciembre. La subsidencia es mayor hacia la zona donde hay remanentes de lagos.

Es de esperarse que muchas construcciones puedan mostrar agrietamientos o desniveles, los sistemas de drenaje y agua potable podrían ser inutilizados al cambiar (o ser inexistente) la pendiente con la que están operando. Actualmente, el drenaje ya es superado por tormentas que no necesitan ser intensas para saturar la red actual; pero en gran medida es la falta de educación y conciencia de miles de personas que siguen tirando basura en las calles

Imagen: inundaciones, además de tener origen en la subsidencia, también se presentan por taponamientos de los desagües por los desperdicios que se generan en la ciudad. Foto septiembre de 2015.

Si miles de familias en la capital del país, y también en más ciudades, tuvieran la voluntad de recuperar el agua de lluvia para uso doméstico (no como consumo de agua potable), podríamos estar ayudando a que disminuya la sobreexplotación y que -aunque aparentemente representa poco una simple cubeta- no toda el agua de lluvia termine en el drenaje cuando se puede dar un mejor uso que simplemente ver cómo calles y avenidas se convierten en ríos improvisados que dañan el patrimonio de familias y que pueden causar víctimas mortales.

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Referencias

Centro Virtual de Información del Agua
http://www.agua.org.mx/

Agencia Espacial Europea
Copernicus data (2014)/ESA/DLR Microwave and Radar Institute–SEOM InSARap study

Instituto de Ingeniería de la UNAM
Catedral Metropolitana – Hundimiento y rescate

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