A sad young woman is sitting in her kitchen with a headache

Siempre me enorgullece cuando un ex alumno del Doctorado en Psicoterapia (APM) está por presentar su disertación para obtener el título. En esta ocasión se trata del psicoterapeuta Juan Alberto Ortiz Moore [[email protected]] quien ha trabajado arduamente el tema del suicidio. Es por ello que le pedí nos escribiera algunas líneas que nos ilustraran un poco en torno a este tema tan, pero tan doloroso. Los dejo con sus palabras.

El suicidio es un acortamiento voluntario de la vida en que, una vez consumado, no existe un sujeto con quien un especialista en salud mental pueda trabajar para buscar una mejoría. De esta forma, el trabajo con conductas suicidas representa un tratamiento preventivo. En México, el suicidio es un problema muy grave que ha ido incrementando en los últimos años. Lamentablemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa a México en la lista de índice de suicidios en el lugar 75, con 4 suicidios consumados por cada 100,000 habitantes durante el año 2008. El país con más casos es Lituania con 34.1 por la misma cantidad de habitantes.

Al investigar sobre el suicidio, uno se encuentra con una gran escasez de información o documentos poco confiables. Lo anterior se debe, en gran parte, al sufrimiento y la pena por que pasan los familiares de la víctima. En nuestro país, al tratarse de una muerte autoinfligida forzosamente para fines legales se tendría que realizar una necropsia, por lo cual se tiende a encubrir la causa de muerte con el fin de evitar aún más dolor en los familiares.

La adolescencia es una etapa especialmente difícil en la vida de un ser humano: es cuando el niño comienza a separarse de su familia y busca grupos de pares con quienes compartir sus sentimientos y los cambios (físicos y emocionales) que está viviendo; es una individuación para así pasar a la adultez. Es un proceso sensible desde diversos puntos de vista, mientras que no todo individuo cuenta con las herramientas necesarias para llevarlo a cabo favorablemente, ó encontrar el apoyo que requiere; tornándose así más susceptible a conductas suicidas. Por ello, lamentablemente, el IMSS y la OMS han determinado que el suicidio es la segunda causa de jóvenes entre 15 y 24 años.

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El suicidio deja una secuela de complicaciones y de dolores. Es un tema difícil, del cual muchas veces se busca evitar hablar, se intenta enseguida buscar una respuesta cómoda y rápida, perdiendo de vista la demanda que nos hace el individuo. El dolor, el sufrimiento y, frecuentemente, el odio que siente un suicida provoca una reacción extremadamente incómoda en uno. Esto, en parte, se debe a un sentimiento de vacío que experimenta el suicida, una tristeza extrema en que no vislumbra ninguna salida de sus males, una situación de desesperanza.

La conducta suicida no se encuentra inscrita como una patología, sino como un síntoma de ésta. Una de las patologías que se presenta en los pacientes suicidas es la melancolía, caracterizada por un duelo no resuelto en el cual el doliente se reprocha y se castiga pensando que es el causante de la destrucción del objeto o de la persona que perdió. También encontramos individuos que tienen alguna fobia e intentan escapar de los estados extremadamente elevados de ansiedad que sufren, y ven la muerte como la única solución. Finalmente, se ha encontrado que frecuentemente se cometen suicidios cuando el afectado se encuentra bajo la influencia de alguna sustancia.

En varias ocasiones, los actos suicidas representan la búsqueda de la atención de otra u otras personas; sin embargo, no se trata de una búsqueda de algo, sino una demanda de amor. Y es precisamente lo anterior que suele provocar el sentimiento de culpa de no haber podido prevenir la muerte del sujeto; lo que se hizo en realidad fue tratar de suplir sus supuestas necesidades, pero no se llegó a la raíz, que es el amor genuino.

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Lo que se busca hacer es darle una voz al que no la tiene y sufre en soledad. Y si, lamentablemente, ya ocurrió un suicidio, entonces se busca darle voz a aquéllos que sufren la pérdida, y, ante todo, evitar los estigmas sociales que se ven involucrados provocando un gran daño. También es importante la disponibilidad de sitios de Internet y lugares donde se puede buscar información y ayuda, y, esencialmente, no tratar de soportar un sufrimiento tan agudo en soledad.

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Psicoanalista y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. Docente de posgrado y ex coordinadora del Doctorado de la Asociación Psicoanalí­tica Mexicana, por su interés en la investigación en temas relacionados al psicoanálisis. Autora de diversos escritos tanto académicos como de divulgación y dos libros: 'Mitos del Diván' y 'La compulsión de repetición: La transferencia como derivado de la pulsión de muerte en la obra de Freud.'

Coautora del libro "Misión imposible: cómo comunicarse con los adolescentes" junto con Martha Páramo Riestra de Editorial Grijalbo 2015