Recientemente escuchaba al vocalista de The Killers, una de las bandas más relevantes del rock de los 2000’s tempranos, decir que hoy en día las agrupaciones ya no hacen música tan buena, y por eso no ganan la misma relevancia que actos que los precedieron.

Este punto es sumamente debatible, pero digamos que, a grandes rasgos, estoy de acuerdo con él. Sin embargo, también pienso que no podemos dejar de acotar la falta de íconos.

Porque si la música de hoy en día, es buena o no, es algo subjetivo; pero cuando nos detenemos a pensar quién toma la batuta de las grandes personalidades del mundo del rock.

Uno de los que aún buscan sucesor es el líder de U2. La banda irlandesa más importante de todos los tiempos.

Ése que es capaz de, con su sola presencia, paralizar al Estadio Azteca –o más recientemente, al Foro Sol. Levantar un dedo y silenciar a cientos de miles de fanáticos; levantar una bota y provocar la locura.

La historia de U2 es muy interesante, principalmente porque si la analizamos con detenimiento, podremos notar un cambio drástico en su forma de mantenerse vigentes.

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Sobra decir que su espíritu contestatario, enaltecido por su juventud, marcó el principio de la banda, cuando su primera grabación llevó el nombre de “Children of the revolution” (Hijos de la revolución).

Sin embargo, no fue sino hasta su tercer disco, ‘War’, que encontraron la fórmula de su verdadero éxito: la rebeldía se transformó casi en diplomacia política y su líder, en una figura más respetada que varios mandatarios mundiales.

Hoy en día, U2 es más un concepto que una banda. Una voz, antes que música… un estandarte de esos de los que el futuro parece carecer.

Presidentes y dictadores han desfilado y Bono sigue estoico en lo más alto del mundo de la música (no sólo del rock). Y U2 ya ni siquiera necesita ser sinónimo de innovación, pues son capaces de mantenerse vigentes, ofreciendo –poca cosa- varios de los más impresionantes tours alrededor del globo.

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Por eso afirmo que U2 es más un concepto, que una banda. Hoy en día queremos ir a un concierto suyo por vivir la experiencia y escuchar los mensajes políticos de la viva voz de Bono, más que por escuchar nuevas canciones.

A pesar de todo, ese concepto es uno de los más trascendentales de todos los tiempos. Incluso más que sus propios integrantes, quienes han entendido que su carrera depende más de un compromiso con una industria y un mundo que los necesitan vigentes.

Es por eso que un concierto de U2 sigue siendo todo un suceso. Porque cualquier banda puede proyectar la bandera del país al que visitan, durante su concierto, pero suena prácticamente imposible que exista un nuevo ícono que logre hacer el mismo eco que Paul David Hewson.

Durante sus recientes conciertos, Bono declaró: “nunca se rompan, México”. Nosotros les pedimos: “nunca se rompan, U2”. El rock, la música y el mundo los necesitan… porque no parece haber quien tome su lugar.

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