¡Aaaahhhhh! la celebración anual de las progenitoras y lo digo de esta forma, con la finalidad de dejar bien claro que aunque los padre proporcionamos la mitad de los genes, la mayor cantidad de información viene de los genes femeninos en especial del cromosoma X,  que si por alguna razón tiene alteraciones por mínimas que sean, se daña de manera importante la integridad del producto sobre todo si es varón, ya que de ser mujer el otro cromosoma X pude suplir las deficiencias del defectuoso y todo resultará normal.

No es casualidad que haya más mujeres inteligentes que hombres, debido a los contenidos de información del cromosoma X aunque esto resulte simplista juega un importante papel en la habilidad de las mujeres para escoger una pareja apta y para hacer sobrevivir a su descendencia, no es anormal que piensen como vemos ya que su concepción de los escenarios y la realidad tiene muchos más elementos.

Las manifestaciones de un desarreglo en un cromosoma X tienen que ver con la integridad neuro-intelectual de los seres humanos, por lo que es determinante que esa parte siempre esté impecable, lo que sin lugar a duda no siempre depende de nosotros, ni al inicio, ni al final. Eso genético y congénito es lo que llegamos a ser gracias a un proceso largo de perfeccionamiento que se confirmó hace 300 mil años y que ahora repetimos haciéndolo parte de nuestra preservación biológica en un acto social aprendido y promocionado para garantizar el apareamiento, la multiplicación y la supervivencia.

Sin embargo para mí y para la generalidad las cosas son más cotidianas, tu mamá además de los genes compartió su sangre y sus latidos, su respiración y el ambiente interno de su cuerpo, así es que logramos nacer llenos de vida y salud, siendo parte innegable de ella misma, de su perfección, de su capacidad de repetir la vida, confirmando la perfección que ostentamos en el ciclo que acumula 4600 millones de años para la tierra y 15 mil millones de años para el universo, en ese arbitrario conteo creado por nosotros mismos, para trasladar la inmensidad a un significado matemático que no explica el ¿Por qué? de todo lo que nos rodea pero lo resume a una dimensión que nos permite ubicarla para su análsis.

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En mi cerebro se encuentra “ella”, las primeras palabras ella me las enseñó, me ayudó a diferenciar ante la confusión y me sujetó hasta que tuve suficiente fuerza para alejarme de todo aquello que me quisiera detener, me empujó para que caminara fuerte y rápido al otro extremo donde se encontraba mi padre, muy solidaria me mostró lo que es la lealtad al afecto que le tenía, y aunque era de ella me compartió, me enseñó a quererlo, me enseñó a reconocerlo hasta que nunca más se me pudo olvidar ese  famoso, “di PaaPaa”.

Su legado de sabiduría fue con desinterés, me mostró los secretos de su experiencia y el conocimiento de todo lo nuevo que pudiera servir de herramienta para mi bienestar y mi vida, repitió cuantas veces fuera necesario el significado de permanecer y el de la integridad, cuidó hacia donde dirigía la mirada y los motivos, hasta que un buen día se dio cuenta que todo lo que había aprendido de ella ya era insuficiente y que había que abrir paso a la novedad, las propias ideas, la inteligencia, la convivencia y desde luego a la libertad.

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No dejó de acongojarse por mis desaciertos, no dejó de angustiarse por mis equivocaciones, no pudo evitar irritarse con mis necedades, de llorar por mis desilusiones, sorprenderse con mis decisiones, odiar a mis enemigos y regocijarse con mis éxitos, reconoció a mis amigos como sus otros hijos y abrió la puerta de su corazón para dejar pasar a mis amores, luego amó a mis hijos porque vio en ellos, lo que había de mí, los quiso con locura porque era la parte que de mí que regresaba recordándole el momento de mi niñez y la posibilidad de repetir aunque solo fuera en parte,  el tiempo pasado tan añorado donde tomaba mi mano y me decía el nombre de cada dedo, de los árboles, de las flores, de los arroyos, de los frutos, de los animales, de las aves y la presencia de su Dios que compartió conmigo para que nunca quedara sin protección y sin saber a dónde regresar cuando la senda del camino se hubiera perdido inevitablemente, siempre estaría él, su mejor aliado para regresarme y aclararme el pensamiento, liberarme de la tristeza y regresarme la capacidad de ser feliz.

Por eso no me puedo olvidar de tan grata compañía que siempre recordaré con agrado y sin poder evitarlo extrañaré.

Felicidades a todas esas poderosas amigas que tienen el privilegio de ser la mamá de alguien,  porque ¿saben? nunca las va a olvidar.

 

Dr. Alejandro Cárdenas Cejudo
Médico internista

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