Cinco días enteros con sus respectivas madrugadas y doña Queta no para de quejarse por el terrible dolor de muela. Desde la tarde del jueves su hija Rosa le dijo que fueran al dentista, pero doña Queta se rehusó:

-“¿Para qué vamos a gastar a lo tonto, si ahí tengo todavía unas pastillas que le recetaron a tu hermano cuando lo operaron del apéndice”, dice doña Queta.

Rosa la mira nada contenta y le responde:

-“¿Cómo sabes que esas pastillas te van a funcionar? Además ya tiene más de un año que operaron a Osvaldo.”

Con la seguridad que la caracteriza, doña Queta se dirige hasta el cajón de su ropero donde tiene una cantidad impresionante de cajas, frascos y botellas de medicamento. Bueno, hasta conserva pastillas sueltas en bolsas de plástico con un papel donde dice para qué padecimiento sirven.

Ella lo llama, su farmacia personal, puesto que cada vez que alguien se enferma en la casa, doña Queta corre a su cajón y cual si fuera el médico más experto elige qué medicamento deben tomar. La mayoría de las veces, ya sea por coincidencia o por gracia del destino, sus recomendaciones funcionan, pero no siempre, como se lo recuerda su hija Rosa:

-“Ay, mamá… Acuérdate que la última vez que le diste no sé qué cosa a Braulio para la garganta, se soltó horrible del estómago y terminamos igual en el hospital porque pensamos que casi se moría de la deshidratación.”

Doña Queta sonríe, restando importancia a las palabras de Rosa, y le contesta:

-“Pero casi siempre le atino. Lo que pasa es que tu hijo es muy delicado, porque a mí esas pastillas siempre me quitan el ardor de garganta.”

Y sin decir más, doña Queta se toma un par de cápsulas que asegura le ayudarán con el terrible dolor de muelas. Pero cinco días después, el dolor no ha desaparecido. Cansada de no dormir por la preocupación, Rosa le insiste a doña Queta:

-“Mamá, por favor, vamos al dentista. No puedes seguir así. Ya tomaste no sé cuántas cosas y no veo que mejores.”

Pero necia como siempre, doña Queta se niega a gastar un peso en algo que ella cree poder solucionar:

-“Nada de dentista. En la mañana fui al tianguis y en el puesto de las medicinas me recomendaron unas pastillas que dicen que son buenísimas hasta para los dolores más intensos. Me dijeron que son derivadas de la morfina.”

Rosa nunca ha estado de acuerdo con que su mamá vaya a comprar medicinas sin receta de un médico. Pero con la excusa de que son más baratas y al final es lo mismo que le van a mandar en la consulta, doña Queta prefiere ir al tianguis y seguir las recomendaciones de un señor que tiene apariencia de todo, menos de doctor.

Así que sin más discusión de por medio, doña Queta se toma las 3 tabletas de la dichosa morfina o derivado de morfina, y se va acostar confiada en que pronto se le pasará el dolor.

Al día siguiente, Rosa abre los ojos antes de las 8 de la mañana. Con sorpresa, se da cuenta que su mamá no se quejó en toda la noche. Eso quiere decir que otra vez le funcionó la automedicación. Un par de horas después, Rosa se pregunta extrañada por qué su mamá no se ha levantado. Aunque considera justo dejarla dormir más por todos los días que no ha logrado descansar.

Pero cuando al medio día doña Queta aún no sale de su habitación, entonces sí Rosa comienza a preocuparse y va a despertarla para que por lo menos coma algo. Rosa se encuentra con el cuerpo sin vida de su madre, completamente frío y rígido.

Después de infinidad de trámites y de un dolor inmenso por la muerte de doña Queta, Rosa recibe el resultado de la necropsia, según la cual su madre murió por un envenenamiento causado por las pastillas que tomó la noche anterior.

En este periodismo de vida, la historia de doña Queta es sólo un ejemplo de los millones de casos que recurren a la automedicación en México y que, como pasó con ella, suelen tener consecuencias terribles. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) uno de cada 10 medicamentos que se venden a nivel mundial es falsificado. En algunos países de tercer mundo, esta cifra puede llegar incluso a 7 de cada 10. 

La OMS también aseveró que el aumento en el consumo de medicamentos falsificados en los últimos años es responsable de al menos 1 millón de muertes anuales en todo el mundo. Resultado de la toxicidad que pueden generar estos fármacos o de la ineficacia de los mismos para tratar las enfermedades.

La principal causa de este delito es la cantidad de dinero que aporta el mercado de medicamentos apócrifos: se calcula que alrededor de 150 millones de dólares por año a nivel mundial. Siendo la venta a través de Internet uno de los medios favoritos para el tráfico de fármacos.

Asia, África y América Latina son los más afectados por la red de tráfico de medicamentos, gracias a que los controles de distribución son más fáciles de evadir. Según el Instituto Internacional de Investigación contra la Falsificación de Fármacos, este delito es de 10 a 25 veces más rentable que el del narcotráfico y con sanciones menos severas.

En México, los mercados sobre ruedas o tianguis son los lugares preferidos para los vendedores de medicamentos caducos del Instituto Mexicano del Seguro Social, apócrifos o robados. En estos lugares se encuentran desde jarabes para la tos hasta tranquilizantes, barbitúricos y antibióticos.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) realiza acciones para evitar productos irregulares y milagro que ponen en riesgo la salud, pero es indispensable que nosotros evitemos comprar estos medicamentos piratas o sin una correcta prescripción médica.

Algunas recomendaciones para evitar comprar fármacos piratas, incluso en farmacias establecidas, son:

Verificar que el sello de seguridad esté intacto; comprobar que cuenten con todos los datos completos del laboratorio que los fabrica; que tengan fecha de caducidad; que presenten el número de registro sanitario; y no confiar en las ofertas extrañas que dan un descuento fuera de lo normal.

A veces, lo barato sale más caro. Como en el caso de doña Queta, que el costo de ahorrarse una consulta del dentista fue su propia vida. No hay que arriesgarnos en algo tan importante como nuestra salud.

A ti que me escuchas hoy en ¡Qué tal, Fernanda! te pregunto: ¿Has comprado medicamentos pirata? ¿Has tenido alguna mala experiencia con estos fármacos? ¿O conoces algún caso como el de doña Queta? Escríbeme a las redes sociales de QTF y comparte tus opiniones.

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