Corrupted businessman, or politician bribe in the form of hundred dollar bills. among high-ranking officials.

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¿Te consideras una persona corrupta o incorruptible? En un ejercicio de honestidad absoluta, ¿puedes asegurar que nunca has cometido una acción que tenga que ver con la corrupción?

En este programa hemos hablado muchas veces de los casos de corrupción en el ámbito político, empezando por los gobernadores que robaron una cantidad inimaginable de millones en sus estados; y también por contratos, licitaciones y permisos de construcción que nunca debieron otorgarse.

Hoy el caso de Javier Duarte habla por sí solo, quien además de atentar contra la salud de niños enfermos con cáncer, también se apropió de una parte del territorio veracruzano en favor de su familia. Algo similar a lo que hizo Roberto Borge en Quintana Roo, donde varias autoridades, notarios y la policía participaron en una red de corrupción mafiosa.

Y así podríamos mencionar una larga lista de casos, como los edificios que se derrumbaron en el sismo del 19 de septiembre; las tarjetas para la reconstrucción, que no tenían fondos; el Colegio Rebsamen; la construcción de la Línea 12 del metro en la Ciudad de México; el robo de combustible en los estados de la República con los famosos huachicoleros; y un largo etcétera.

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Pero la corrupción está presente en todos los niveles, además del político y la administración pública. Empieza desde nuestro comportamiento social, lo que aprendemos de nuestros padres y luego enseñamos a nuestros hijos, desde la primera vez en que decimos “¿qué tanto es tantito?”.

Cuando nos detiene un oficial de tránsito por una luz que no funciona en nuestro auto y le damos dinero -como decimos coloquialmente “para su refresco”-, estamos cometiendo un acto de corrupción. Lo mismo ocurre al ofrecerle dinero al de la grúa o al que coloca las arañas por estacionarnos en zonas prohibidas o no pagar en el parquímetro.

Estos ejemplos son los más comunes que ocurren a diario y que por desgracia son presenciados por los niños. Los adultos pueden justificarse diciendo que llevaban prisa o que fue la primera vez, pero ese niño que está a un lado observando se quedará con esa acción como una manera -supuestamente- de ahorrarse problemas.

Más adelante, los niños replicarán lo que vieron con sus papás cuando en el colegio no logren pasar una materia y entonces le ofrezcan “para su refresco” al profesor. O cuando realicen un trámite en alguna oficina del gobierno y se les haga fácil dar “una propina” para agilizar las cosas, porque dirán “¿qué tanto es tantito?”.

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Así, cuando le das una propina al técnico del servicio de televisión privada para que conecte más equipos de los contratados, cuando pones un diablito para robarte la luz, una trampa en el medidor o cuando le das dinero al de la verificación para que pase tu auto, estás cometiendo actos de corrupción.

Acciones que para ti pueden no significar algo tan grave como dejar en deuda un estado completo y robarte millones de las arcas del gobierno, pero que al final implican también que eres un corrupto. ¿Cómo crees que ese gobernador aprendió a corromper? Por el ejemplo que recibió en su entorno, en la familia o hasta en la escuela.

Somos un país infinitamente rico en recursos naturales, en condiciones geográficas y ambientales, con un potencial infinito de crecimiento. Que desafortunadamente no crece hasta donde podría hacerlo por la corrupción.

Por segundo año consecutivo, México descendió seis lugares más en el Índice de Percepción de la Corrupción 2017, que publicó en febrero Transparencia Internacional. Pasamos del lugar 129 al 135, entre 180 países. Y obtuvimos una calificación de 29 en una escala del 0 al 100, donde 0 es el país peor evaluado en materia de corrupción.

Esto significa que los niveles percibidos por los ciudadanos son iguales a los de países como República Dominicana, Honduras, Kazajistán, Laos, Nueva Guinea, Paraguay y Rusia. En cuanto a nivel regional, México está en las peores posiciones de América Latina y el Caribe, por debajo de Brasil, Argentina y Colombia.

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Además, somos el país peor evaluado del G20 -grupo de las economías más ricas y emergentes del mundo- y de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo -OCDE-.

Algunos dicen que también la falta de transparencia es responsable de estos índices, pero la transparencia por sí sola no reduce la corrupción. De acuerdo con el Índice de Transparencia Presupuestaria 2017, publicado por la Open Budget Partnership, México ocupó el sexto lugar de 102 países, posicionándose como el mejor país del continente americano, por encima de Canadá y Estados Unidos.

Por ese lado podemos decir que contamos con una transparencia que muchas naciones no tienen, pero la realidad es que aunque se puedan localizar estos focos rojos, no hay acciones sistemáticas para desmantelar las redes de corrupción.

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Después de escuchar este periodismo de vida, te pregunto nuevamente: ¿Consideras que no eres corrupto? ¿Has cometido algún acto de corrupción sin haber pensado en las consecuencias?

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