Lunes 22 de mayo, 7 de la mañana, hora de Manchester, Inglaterra…

Saffie Rose se lava los dientes y apresura a su hermana Ashlee. Le dice que ya es tarde para llegar al colegio.

Lisa, la madre de Saffie, está impresionada. Es la primera vez que ve a su hija de 8 años tan emocionada por ir a clases. Sonríe con ternura al contemplar a la niña y mira los tres boletos que están fijados con imanes en el refrigerador.

Lunes 22 de mayo, 7:15 de la mañana, hora de Manchester, Inglaterra…

Georgina Bethany Callander se dirige al Runshaw College, donde estudia la carrera de Trabajo Social.

Aquella bicicleta que la ha llevado tantas veces al colegio, esta mañana parece una motocicleta por la velocidad a la que Georgina pedalea. No es urgencia porque se la haya hecho tarde. Es la emoción por saber que este lunes será el mejor día de su vida.

A sus 18 años, Georgina sabe perfectamente lo que quiere para el futuro: terminar su carrera y formar una familia.

8:20 de la mañana…

Seffie le dice emocionada a su mejor amiga del colegio que esta noche asistirá al concierto de Ariana Grande. Desde hace un mes su madre compró los boletos. Tiene todos sus discos y se sabe las canciones de memoria. Comienza a cantar “Focus”. La maestra le dice a Seffie que guarde silencio. Seffie sonríe y sigue cantando, pero en voz baja.

9:15 de la mañana…

Georgina habla por teléfono con su madre. “Por favor, no olvides recoger mi abrigo de la tintorería”, -dice a su madre. Esta noche todo tiene que salir perfecto.

Georgina abre uno de sus libros y ve la foto que ha sido su mayor orgullo desde hace dos años. Ariana Grande y Georgina sonrientes, posando. Es el recuerdo de aquel concierto en 2015, cuando su sueño de conocer a su cantante favorita se hizo realidad.

Ayer domingo, Georgina escribió a Ariana en su cuenta de twitter: “Muy emocionada de verte mañana”.

10:30 de la noche, Manchester Arena…

21 mil personas reunidas, cantando junto con Ariana Grande. Niños y jóvenes con globos rosas y orejeras que distinguen a los “arianners». Muchos padres también, algunos en la sala y otros en el vestíbulo, esperando a sus hijos.

De pronto, un gran estallido… Gritos, gente corriendo, gritando, desesperación, confusión, caos…

Este lunes 22 de mayo ocurrió uno de los atentados terroristas más infames de los últimos tiempos. Un acto criminal que dejó heridas a 59 personas y terminó con la vida de 22 inocentes, entre los cuales se encontraban niños y jóvenes, que aquella noche sólo querían disfrutar del concierto de su cantante favorita: Ariana Grande.

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Georgina y Saffie fueron las primeras víctimas en ser reconocidas después de la desgracia, después de la confusión, después de esos minutos de angustia en que cientos de padres buscaban desesperados a sus hijos. Después de comprobar que muchos de esos niños jamás regresarían a casa.

Como madre, esta idea, esta sola posibilidad, es algo que me llena de terror, de impotencia, de inseguridad. Pensar que lo que significa tanto para nuestros hijos, lo que los emociona, esa ilusión de ver a su artista, puede también significar una desgracia y arrancarlos de nuestra vida, es algo que me horroriza, que me llena de tristeza por aquellos padres que en este momento lloran porque no podrán ver ya la sonrisa de sus hijos, escuchar su risa, verlos crecer.

Pero también hay coraje contra aquellos criminales que un día, un día que para muchos era motivo de felicidad, hacen estallar una bomba. Un día en que en un segundo, después de una detonación, cientos de vidas pueden perderse por las ideas equivocadas de un tipo que sin pensar en los demás, aprieta un botón.

Georgina Bethany murió en el hospital, mientras intentaban salvarle la vida. Hoy, su madre llora porque ya no podrá abrazarla. Hoy, sus compañeros del colegio escriben comentarios de dolor en sus redes sociales. Hoy podemos ver en su cuenta de instagram esa foto donde sonríe plena de felicidad al lado de Ariana Grande. Hoy nos quedan sus últimas palabras en su cuenta de twitter.

Soffie tampoco podrá crecer al lado de su madre y su hermana. Soffie jamás imaginó que nunca regresaría al colegio, que ya no volvería a interpretar las canciones de Ariana.

Desafortunadamente, el terrorismo sí es algo que ha pasado antes, que acaba de pasar este lunes, y que por desgracia puede volver a ocurrir.

El 7 de julio de 2005, también en Inglaterra, ocurrió un ataque terrorista. Cuatro explosiones, tres en el metro y una en un autobús, causaron la muerte de 56 personas y dejaron 700 heridos en Londres. Un crimen cometido por islamitas.

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La mañana del 11 de marzo de 2004, diez bombas estallaron en diversas estaciones del metro de Madrid, España. Mochilas cargadas con dinamita terminaron con la vida de 190 personas y dejaron heridos a más de 1,857 inocentes.

Y así, podría mencionar decenas de actos terroristas por todo el mundo y cifras aterradoras de víctimas. Y miles de historias como la de Soffie, como la de Georgina. Como los nombres de más personas que también perdieron la vida este lunes en Manchester: John Atkinson, de 26 años; Olivia Campbell, de 15 años; Alison How, de 44 años; Kelly Brewster, de 32 años; Megan Hurley; Martyn Hett, de 29 años; Angelika y Marcin Klis, que esperaban a sus hijas y ya nunca lograron verlas de nuevo.

Hay temas que son fuertes… hay noticias, como ésta, que provocan un vacío en el estómago…

Y qué más quisiera que siempre hablar de cosas buenas, de logros, de curas contra enfermedades terminales… Pero también es necesario, y justo, hablar de actos infames como el terrorismo. Para recordarnos la urgencia de cambiar nuestro mundo, de rescatar a nuestros hijos, a nuestra familia. Recatarlos de la delincuencia, de los peligros de acciones viles que atentan contra la vida de inocentes.

Es tiempo de hacer conciencia, de reflexionar, de pensar en la importancia de recuperarnos como humanos, como humanidad, como miembros de una gran comunidad que empieza desde lo más pequeño y llega hasta lo más grande. Que empieza desde nuestra familia, desde la manera en que nos comportamos con el vecino, con el conductor que va en el auto contiguo, con el otro pasajero que viaja a nuestro lado en el transporte público.

Es tiempo de pensar en el otro y no sólo en nosotros. Tiempo de saber que lo que hacemos contra otro, puede ser algo que también nos dañe en algún momento. De vivir y convivir, de vivir bien y dejar vivir a los demás. De enseñar a nuestros hijos con el ejemplo, que todos importamos, que todos somos parte de esta gran comunidad llamada mundo, que todos podemos generar un cambio desde nuestras acciones, nuestras ideas. Que si somos más los buenos, entonces, unámonos todos los buenos y logremos que este mundo sea un mejor lugar para vivir.

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