Silvia Ríos Ortiz, denunció esta mañana en el programa Qué tal Fernanda, conducido por su Fernanda Familiar, que su hermana María Elena Ríos Ortiz, quien fue rociada con ácido hace 90 días, ha recibido amenazas de muerte después de denunciar al empresario y ex diputado Juan Antonio Vera Carrizal como autor del ataque.

«Su nombre es Juan Antonio Vera Carrizal, él es un ex diputado, gasolinero y empresario», dijo Silvia, quién además aseguró que días después del ataque a su hermana, el sujeto fue invitado especial en Palacio Nacional durante el Grito de Independencia del pasado 15 de septiembre, sin ser un funcionario público.

«Él agrede a mi hermana porque se inició una relación laboral; segundo porque se inició una relación de noviazgo, pero que terminó por las agresiones y machismo del señor. La hostigaba, le decía que de músico y de muerta de hambre no iba a salir; que regresara con ella y que la iba a tratar como princesa porque los músicos aparte de drogadictos y borrachos no tienen en qué caerse muertos y que por ese camino iba. Que era una tonta y una estúpida», narró Ríos Ortiz durante el programa.

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Por otro lado, la hermana de la joven también aseguró que durante una visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a la Mixteca, ella logró acercarse él y darle su petición. «Buscó a un personal de él, entre ellos la Delegada de la Secretaría de Bienestar Social de Oaxaca y le encargó que viera mi asunto», contó Silvia.

La funcionaria, Nancy Ortiz Cabrera, le solicitó que enviara toda la información que pudiera sobre el caso, pero después de varios días dejó de contestar sus mensajes y hasta la bloqueó.

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«Truncaron sus sueños»

Tres meses después del ataque, Maria Elena sigue sometiéndose a intervenciones quirúrgicas por las heridas causadas. Su hermana asegura que se encuentra muy mal, tanto física como emocionalmente.

«Es la segunda intervención quirúrgica que tiene y se le cayeron nuevamente los injertos de sus brazos. Ella necesita una reconstrucción de párpados, nariz, boca, cuello, brazos, pecho, piernas. Mal porque ya es la segunda vez que le injertan piel de su misma piel y cada vez las piernas están más dañadas y ni siquiera saben de dónde quitarle más piel. Mal porque en este caso cayó en depresión. Llorando me dijo: «sácame de aquí porque no me van a curar». Ella me dice que le truncaron su sueño, porque no sabe para qué vive, porque mejor la hubieran matado a dejarla así como ella se encuentra», dijo Silvia.

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