La historia de Katie Stubblefield es una tragedia demasiado común. Solamente en 2016, más de 45 mil personas se suicidaron en Estados Unidos (el 5% del promedio de suicidios en el mundo). La mitad de ellos utilizaron un arma para acabar con sus vidas.

Cuando apenas tenía 18 años, Katie intentó acabar con su vida con un arma de fuego. En los días que llevaron a su intento de suicidio, la joven vivió una serie de problemas emocionales: tuvo una cirugía por complicaciones gastrointestinales crónicas, sufrió una traición en una relación personal y vio cómo su madre perdía, injustamente, su trabajo.

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Todo esto fue demasiado: el 25 de marzo de 2014 su hermano mayor, Robert Stubblefield, escuchó un disparo y corrió al baño donde la encontró con un disparo en la cara. En ese momento, la creyó muerta.

Katie llegó al hospital sin rostro y, durante un año, los doctores lucharon para lograr su supervivencia. Por un milagro médico, Katie logró sobrevivir sin mandíbula ni dientes, sin nariz y con muchas dificultades para ver.

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Katie no recuerda qué sucedió el día en que se disparó en la cabeza o qué sucedió durante el año en que los doctores lucharon por salvarle la vida. Pero, poco a poco, fue tomando consciencia de su situación, empezó a palparse la cara y entendió lo que había sobrevivido.

Según cuentan los padres de Katie, en un hospital en Memphis escucharon por primera vez de los trasplantes faciales.

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“Hubo un cirujano traumatólogo de mayor edad que básicamente nos dijo: ‘Es la peor herida que he visto en su tipo’, y dijo: ‘Lo único que puedo pensar que realmente le daría vida funcional nuevamente es un trasplante de cara “

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Los trasplantes de cara son procedimientos sumamente complejos, experimentales y caros. Las compañías de seguros estadounidenses no cubren este tipo de procedimientos y fue una subvención del Departamento de Defensa de EE.UU., a través del Instituto de Medicina Regenerativa de las Fuerzas Armadas, cubrió el trasplante de Katie, según National Geographic.

Después de que se aprobara su trasplante, los doctores comenzaron a construir, en 3D un modelo de mandíbula para la joven. Los cirujanos de la Clínica Cleveland encargados del procedimiento, reconstruyeron el 90% de la mandíbula inferior utilizando un modelo de la mandíbula de la hermana mayor de Katie y una impresora 3D.

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Finalmente, después de 14 meses de espera, el año pasado Andrea Schneider, una mujer de 31 años que murió de una sobredosis de drogas se convirtió en la donadora de rostro para Katie. El 4 de mayo 2017, la cirugía se llevó a cabo y tomó 31 horas. En ella participaron 11 cirujanos, varios especialistas y proyecciones en realidad virtual.

Ahora, Katie puede tocarse la cara y sentir que, tal vez, podrá tener una segunda oportunidad para una vida normal. Actualmente, es la portada del nuevo número de National Geographic y sueña con estudiar en línea para ayudar a otros jóvenes que luchan en contra de la depresión y el suicidio. La historia de Katie es, sin duda, inspiradora.

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