A esta mujer le tocó vivir sin duda una de las peores formas de morir, el ser enterrado vivo.

Rosángela Almeida dos Santos, una mujer brasileña de 37 años quien padecía de convulsiones desde niña, fue hospitalizada por fatiga y dos ataques al corazón, ya en el hospital, sufrió de un «shock séptico», luego, erróneamente, los médicos la declararon muerta y fue enterrada por los familiares.

Pero a los pocos días, como de película de terror, los vecinos del camposanto comenzaron a escuchar ruidos que para su sorpresa, venían de una de las tumbas.

«Los ruidos me llevaron hasta la tumba, cuando me acerqué me di cuenta que los golpes venían desde dentro, al principio pensé que lo estaban provocando los niños para bromear, pero entonces se escucharon gemidos muy fuertes, después un silencio»…dijo una de las vecinas que se acercó para ver lo que sucedía.

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La familia fue alertada y de inmediato fueron a rescatar a la hija, pero tristemente, fue demasiado tarde cuando lograron desenterrar el ataúd, cuando al fin pudieron sacarla, su cuerpo aún estaba tibio.

«Intentó abrir la tapa de la caja, se vio en ella como en su desesperación por salir, había clavado sus uñas en la tapa, las manos tenían heridas, los clavos estaban ya flojos, estoy segura de que mi hija estaba tratando de salir de ahí»…dijo la madre con lágrimas en los ojos.

Las autoridades ya investigan a los médicos por posible negligencia.

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