La temporada de ciclones tropicales en el Pacífico nororiental, hasta ahora, ha tenido un inicio “promedio” con la formación de “Aletta”, “Bud”, “Carlotta” y “Daniel”. Modelos meteorológicos han pronosticado al menos posible formación de dos ciclones más durante las próximas semanas (se llamarían “Emilia” y “Fabio”); como cualquier modelo meteorológico a mediano – largo plazo, la incertidumbre es muy grande y no se puede asegurar las trayectorias que podrían tener.

Tanto “Aletta” y “Bud” fueron un poco sorpresivos al alcanzar la categoría 4, ambos en aguas cálidas del Pacífico, pero bastante lejos y trayectorias opuestas a costas mexicanas.

Imagen: huracán “Bud” de categoría 4 y un “ojo” en el centro de su circulación; rápidamente se debilitó al entrar en aguas frías antes de llegar a la Península de Baja California.

Recordando, los ciclones tropicales se clasifican en tres etapas de acuerdo con la velocidad de sus vientos sostenidos:

  • Depresión tropical: cuando sus vientos son menores a 63 km/h.
  • Tormenta tropical: a partir de aquí son nombrados y comprende vientos entre 63 km/h y 118 km/h.
  • Huracán al presentar vientos con una velocidad mayor a los 118 km/h. En esta etapa se generan los efectos destructivos, al provocar vientos fuertes, lluvias torrenciales, marea de tormenta y oleaje altos. Y se clasifican conforme la velocidad de sus vientos mediante la escala Saffir – Simpson:
    • Categoría 1 – 119-153 km/h
    • Categoría 2 – 154-177 km/h
    • Categoría 3 (huracán Mayor) – 178-208 km/h
    • Categoría 4 (huracán Mayor) – 209-251 km/h
    • Categoría 5 (huracán Mayor) – 252 km/h o superiores

Por ahora, la temporada en el Pacífico nororiental tendrá actividad importante, o por lo menos dentro del promedio, con una secuencia de desarrollos que continuará durante las próximas semanas; por el contrario, el Atlántico no muestra desarrollos para los siguientes días porque hay sistemas que afectan su formación como los fuertes vientos alisios (de este a oeste) y el polvo del Sahara y aguas con temperaturas muy por debajo del promedio.

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Imagen: polvo del Sahara cruzando el Atlántico e inhibiendo la formación de ciclones tropicales. Tomada del satélite Geos-5 de la NASA.

Cada año, intensos vientos saharianos envían grandes nubes de polvo que cruzan la cuenca del Atlántico inhibiendo el surgimiento y desarrollo de ciclones tropicales debilitando aquellos ya están formados al aportarles aire seco, además, incrementan la cizalladura vertical del viento en la altura (como soplar la espuma que gira en una taza) impidiendo que el sistema pueda concentrar la energía para su formación.

Otro de los efectos del polvo del Sahara es que aportan nutrientes a las selvas tropicales, como el Amazonas, ya que este se origina en un antiguo lecho del lago Chad, el cual es rico en fósforo gracias a los restos de organismos muertos de hace mucho tiempo del Sahara.

También, durante el tiempo que duren estas condiciones de polvo en la atmósfera, se estarán observando atardeceres en tonos rojos en gran parte de la zona del Caribe mexicano.

Pero recordemos que las condiciones del Atlántico son diferentes a la de otros años al tener la temperatura superficial de sus aguas muy por debajo de lo normal desde abril de este año. Los valores han alcanzado un mínimo extremo de hasta casi 5 °C menor a la climatología cercano a África, aunque el promedio en la región tropical ronda de sólo 1 °C. Para que tenga una idea del gran cambio que puede implicar ese grado, imaginen un día cualquiera en el que la temperatura máxima en una ciudad es de 20 °C y al siguiente día es de 35 °C o de 5 °C causando tormentas o nevadas, un día soleado o nublado, ventoso o tranquilo, entonces bajo esta condición, los fenómenos sobre el mar pueden intensificarse o debilitarse.

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Imagen: colores en azul representa las anomalías térmicas negativas de la superficie del mar con valores hasta -2 °C por debajo del promedio actualmente.

Esto puede deberse, entre otros, a la persistencia de un sistema anticiclónico semipermanente sobre el Atlántico, el cual es normal en la zona, pero ha tenido mayor intensidad ocasionando un constante y fuerte flujo del Noreste desde el Reino Unido, España y alcanzando costas de África. Surgencias o brotes de agua fría es el resultado de este viento al soplar constantemente en dirección contraria a lo costa, dejando un “espacio libre” y justamente obligando a que las aguas profundas comiencen a surgir.

Como resultado, los efectos en México serían los siguientes:

  • Es probable que esta temporada de ciclones en el Atlántico se presente menor cantidad de sistemas en comparación con la climatología (13-14) así como de Ondas Tropicales.
  • Los que se formen podrían tener menor intensidad o duración, así como menor probabilidad de generar efectos en el territorio mexicano de forma directa
  • Menor cantidad de lluvias (sin ser nulas) se observaría en México, con una posible canícula más acentuada entre julio, agosto e inicios de septiembre.
  • Menores periodos lluviosos entre julio y septiembre (sin ser nulos).
  • A pesar de que se puedas presentar menor cantidad de sistemas tropicales, su intensidad no se relacionaría y se pueden presentar huracanes mayores (categorías 3, 4 y/o 5) así como daños.

Aunque todo indica que tendremos menos lluvias (en promedio) no olvidemos que no se necesita un ciclón categoría 5 para que se produzca un desastre; solo basta una tormenta tropical o una baja presión remanente que deje acumulados importantes de lluvias en pocas horas para provocar inundaciones y deslizamientos de laderas inestables (deslaves).

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