Esta semana se cumplen 37 años de la última erupción importante en Estados Unidos cuyos estudios, durante y después de la erupción, tuvieron un gran aporte e impacto en la vulcanología moderna.

El volcán Santa Helena, antes de 1980, tenía la clásica forma de un volcán cónico simétrico por lo que llegó a ser conocido como el Monte Fuji de América. Durante la erupción de 1980, 400 metros de la cumbre se perdieron por una enorme avalancha de escombros -jamás antes vista- dejando un cráter de 2,000 por 3,500 metros en forma de herradura que hoy en día está ocupado por un domo de lava y un glaciar.

Precursores

Para el 16 de marzo de 1980, el primer signo de la actividad del volcán Santa Helena fue una pequeña serie de pequeños sismos de origen volcánico. Después de cientos de terremotos adicionales, el 27 de marzo, se presentó la primera erupción en más de 100 años; se registraron algunas explosiones de vapor que alcanzaron hasta 75 m. Por las explosiones ocurridas las últimas semanas de marzo de 1980, el cráter había crecido más de 400 metros de diámetro.

En promedio, aproximadamente se registraba 1 explosión por hora en marzo, disminuyendo paulatinamente hasta registrar cerca de 1 explosión por día para el 22 de abril. Sin embargo, las explosiones se reanudaron el 7 de mayo y continuaron hasta mayo 17. Para esta fecha, más de 10,000 terremotos habían sacudido al volcán y el flanco norte tenía un abultamiento de más de 140 metros.

Desde el inicio de la nueva etapa eruptiva, el abultamiento creció a una tasa de 2 metros por día. En aquel entonces, no se tenía pleno conocimiento del significado del cambio en la morfología del volcán. Tal deformación espectacular, era fuerte evidencia de magma que había llegado muy alto en el volcán formando un criptodomo de magma, es decir, la intrusión de un domo (como los domos de lava que conocemos del Popocatépetl) pero sin salida por el cráter acumulándose lentamente dentro de la parte alta del edificio volcánico de tal forma que hinchó una ladera completa.

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Imagen: abultamiento en el flanco del volcán Santa Helena por la formación de un criptodomo.

La Erupción.

A las 8:32 a. m. del 18 de mayo, se produjo un sismo de magnitud 5.1 y al mismo tiempo el abultamiento, junto con la cumbre norte del volcán, cedieron ante la fuerza de gravedad y sobrepresurización del sistema produciendo el deslizamiento de tierra y escombros más grande en la historia contemporánea de la Tierra. La avalancha de escombros barrió todo lo que encontró a su paso avanzando hasta 23 km. Se estimó que el volumen total de avalancha fue de 2.5 km3.

Una vez que se deslizó la ladera del volcán Santa Helena, el magma contenido en el criptodomo y que se encontraba a gran temperatura, provocó un poderoso estallido lateral acelerando la avalancha a más de 480 km/h. La nube de cenizas llegó a más de 24 kilómetros de altura en tan solo 15 minutos.

La devastación fue total: las oleadas piroclásticas y la gran avalancha de escombros, de toda la ladera, dejó los bosques aledaños carbonizados y aplastados en sentido del estallido sin que un solo árbol pudiera mantenerse de pie, la zona devastada se estimó en 600 km2.

Imagen: primeros instantes de la avalancha y la erupción lateral.

Con la despresurización del sistema, al dejar el flanco expuesto y los conductos sin obstrucciones, se liberó el magma almacenado dando origen a una erupción Pliniana que lanzó una masiva columna eruptiva de tefra hacia la parte más alta de la atmósfera.

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La erupción Pliniana continuó por más de 9 horas con numerosas oleadas flujos piroclásticos y lahares (flujos de lodo) por la mezcla de ceniza, fusión de la nieve y caudales de arroyos y lagos cercanos. La erupción llegó a su clímax entre las 3:00 p. m. y 5:00 p. m. del mismo día, los vientos dominantes transportaron más de 520 millones de toneladas de cenizas hacia el este llegando a oscurecer ciudades alejadas a más de 400 kilómetros del volcán. Tan grande fue la erupción que las cenizas de esta erupción tardaron 15 días en darle la vuelta alrededor del planeta.

Oficialmente murieron 57 personas por la erupción, la mayoría de las personas expuestas habían sido evacuadas durante los días previos. Entre los muertos se encuentra el célebre vulcanólogo David Johnston quien fue el único que advirtió del potencial riesgo del abultamiento de la ladera por el criptodomo y fue el primero en advertir al momento de la erupción diciendo: “Vancouver…  Vancouver…  ¡This is it!”. En su memoria, fue creado el centro de observación David Johnston Ridge.

Imagen: observatorio y centro de visitantes David Johnston Ridge al norte del St. Helena.

Referencias: USGS

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