¿Cómo comunicarme con mis hijos adolescentes?

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Historias del Diván

El otro día me escribió Esther, una lectora de este portal, desde Estados Unidos expresado lo siguiente:

Hoy día tengo dos muchachos adolescentes uno de 18 y otro de 17, quizá ya no tanto tan adolescentes pero para mí lo son por las decisiones arrebatadas que
toman, y no se diga sus reacciones ante alguna sugerencia o comentario de
parte de mi esposo o mía. La verdad me preocupa demasiado, no me tienen suficiente confianza y continuamente prefieren estar en su recamara jugando video juegos o en el famoso Facebook, o en el YouTube, que compartir entre ellos mismos o con nosotros los papás.  Por favor dígame si podría ayudarme…

Esther describe perfectamente bien lo que se vive cotidianamente al tener hijos adolescentes; es un estado de frustración perpetua. Uno siente que ya perdió a sus queridísimos hijos, que se los cambiaron por otros que son unos sangrones, que todo está muy, pero muy mal… En pocas palabras uno tiene miedo. Miedo a que los hijos nos dejen de querer, de respetar, que ellos estén mal, que se “metan en problemas”, que nos dejen solitos con nuestro “nido vacío” de padres deshijados… En fin.

Lo cierto es que Esther describe a unos adolescentes perfectamente normales: impulsivos, arrogantes, que les gusta aislarse, que socializan y se conectan al mundo a través de las redes sociales virtuales, rebeldes y que intentan poner demarcaciones a los padres para que no sigan comportándose como si ellos tuvieran 5 años.

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La adolescencia es un proceso de crisis y rupturas, que conlleva múltiples reacomodos en lo psicológico, lo emocional, en las relaciones con los otros y, muy importante, en la ruptura con los padres de la infancia para lograr una identidad separada de estos, diferente a lo que se espera de ellos, única e independiente. Este sería la salida sana al proceso adolescente.

Pero claro, por otro lado, no se les puede dejar a la deriva y que hagan lo que quieran y “ahí nos vemos cuando cumplan 21 años” (si bien nos va). Contrario a lo que los adolescentes parece que exigen (¡que los dejen en paz!) ellos en verdad necesitan al menos tres cosas:

Contención un ambiente contenedor por unos padres que no “se enganchen” con cada brote de enojo, o con cada error, omisión, o accidente que tenga el chico o la chica. Si la joven llega llorando de la escuela es menester darle cariño, consentirla, pero darle su espacio y no presionarla para que hable si aún no está lista. Mucho menos gritar “¡¿Pero qué te paso?! Voy a ir a la escuela a hablar con la directora, seguro fue tu amiguita fulanita, etc.”.  Hay que permitir que pasen las emociones fuertes y prestarse a la escucha sin forzar el diálogo.

Límites, límites, límites Los adolescentes cruzan por cambios físicos, psicológicos y emocionales importantísimos y como resultado son impulsivos, no miden las posibles consecuencias de sus acciones y están ansiosos. Desean experimentar con todo y a la vez se sienten muy presionados por sus amigos a transgredir las normas y abusar de cuanta cosa se les ponga enfrente: drogas, alcohol, actos vandálicos, etc.

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Si los padres lo “dejan ser y hacer” los adolescentes se sienten completamente expuestos a su propia impulsividad y eso los angustia más. Créanlo o no, lo que más piden los jóvenes es que les pongan límites, aunque los rompan, pero los límites le sirven como parámetros a seguir, parámetros que sí necesitan.

Estar atentos a lo que los adolescentes comunican El hijo de una paciente mía dejó la bachita de un cigarro de marihuana en el cenicero de la camioneta de la mamá. Otra adolescente fue y le contó a su mamá que una amiga suya pensaba que estaba embarazada. Un paciente mío de 16 años dejo “sin querer” su mail abierto en páginas que explicaban la homosexualidad y sus papás las vieron. ¿No creen que eso es comunicar? Es pedir a gritos y en silencio comunicar “algo” a los padres, algo que los inquieta, los perturba, y ante lo que necesitan literalmente a un adulto que los pueda orientar.

Son muchos los avatares por los que atraviesa un adolescente, y también los padres de este, y es mucho lo que se puede hacer para hacer el transcurso menos angustiante, pero antes que nada, infórmense acerca del proceso de la adolescencia, para así poder entender qué le está pasando verdaderamente a sus hijos, y a ustedes como consecuencia.

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