¿Te gustan las series? ¿Las prefieres en alguno de los servicios de streaming como Netflix o HBO en lugar de verlas en la televisión abierta o de paga? ¿Te gusta más tener este contenido cuando quieres o donde quieres y hasta ver varios capítulos seguidos?

Si respondes que sí, es muy probable que seas un usuario más de algún servicio de streaming, acostumbrado a encontrar tus series favoritas completas y no te conformas con ver un capítulo por día, mucho menos por semana -como se acostumbraba en televisión abierta-.

Es más, estoy segura que formas parte de ese enorme porcentaje de obsesivos que hacen sus propios maratones los fines de semana y ven toda una temporada completa en 2 o 3 sesiones, descansando sólo lo necesario para dormir y comer.

Esto en el mejor de los casos, porque también hay quienes se avientan tres o cuatro capítulos por noche, sin importar que al otro día tengan que trabajar. Pero eso sí, llegan a platicar con sus compañeros las últimas novedades de la serie de la que todos hablan.

A veces, estos ejercicios de resistencia o de enajenación, tienen una justificación muy simple para los obsesivos de las series: Necesitan estar enterados del último capítulo, porque todos los demás empezarán a contar de qué trata y no quieren quedarse fuera de la conversación o que les arruinen el contenido antes de verlo.

Existen millones de espectadores adictos a Breaking Bad; ansiosos por ver cada nueva temporada de The Walking Dead; desesperados por conocer los capítulos más recientes de Game of Thrones; enfermos por las nuevas aventuras de Dexter; o curiosos que no soportan la espera para conocer lo que les depara el destino a los extraviados de Lost.

¿Se trata de una dependencia como la que provocan las drogas o ciertas sustancias? La revista Time publicó un artículo donde varios investigadores dan sus conclusiones sobre por qué existe un número tan elevado de público incapaz de despegarse de la pantalla cuando empieza a ver una de estas series.

El primer factor de enganche se refiere a las Ráfagas visuales, lo cual consiste en que la imagen salta de una escena a otra continuamente, o dentro de una misma escena se cambia el plano de cada personaje lo más rápido posible. Por eso es que tu vista se queda “enganchada” a la pantalla.

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Según el psicólogo y profesor de Estudios de Medios en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, este efecto pasa desapercibido para el espectador medio. Ese corte rápido o montaje rápido tienen un efecto directo en nuestra biología. ¿Cómo es esto?

La edición basada en esta técnica consigue que se active nuestro “sistema reflejo”, que es el responsable de nuestra capacidad para reaccionar a los movimientos espontáneos que nos rodean. Es decir, cuando a nuestro alrededor pasan cosas rápidas, por seguridad, nos volvemos más atentos a lo que ocurre hasta el punto de que resulta más difícil dejar de mirar.

Esto es como si muchas imágenes rápidas encendieran nuestro interruptor de la “atención”. Si dejas de mirar, crees que te estás perdiendo de algo. Lo cual no sucede con ediciones donde hay escenas fijas o muy largas.

El segundo punto es el Control sobre la atención. Y sobre esto, una investigación llamada “Projections” del psicólogo Uri Hasson y su equipo de la Universidad de Princeton, descubrió que cuanto más control tiene el director sobre una escena, más adictiva se vuelve.

¿A qué se refiere esto? En el experimento se midieron a través de resonancias magnéticas las reacciones cerebrales de un grupo de espectadores que vieron escenas de la película “El bueno, el feo y el malo”, y el episodio “Estás muerto” del programa de Alfred Hitchcock.

El resultado demostró que un 45% de los espectadores compartieron reacciones cerebrales similares con la escena de “El bueno, el feo y el malo”. Mientras que los espectadores del episodio de Alfred Hitchcock superaron el 65% de coincidencia.

Se sabe que Alfred Hitchcock prestaba la máxima atención al rodaje de cada escena hasta el punto de que cada detalle era intencional y planeado. Él indicaba dónde tenía que mirar el público, consiguiendo así la mínima variabilidad en las reacciones de los espectadores. Algo similar ocurre cuando Kevin Spacey se dirige directamente a la cámara en “House of Cards” para obtener la atención absoluta del público.

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Según el psicólogo Kubey, los seres humanos están “programados” para responder a los estímulos sexuales y violentos, aunque con mayor fuerza a los sexuales. Asegura que se trata de una visualización socialmente deseada, lo mismo que ocurre con la pornografía y por eso las altas cifras de consumidores de porno. En las series pasa lo mismo, la dosis de sexo es efectiva.

Otro aspecto importante es el de la cantidad de sangre. Según el estudio realizado por las universidades de Augsburg, en Alemania; y Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, aunque la gente afirme estar en contra de la violencia en su vida real, tiende a ver más películas y series con escenas sangrientas o violentas si cree que hay un tema de venganza o justicia.

Por eso el éxito de “Breaking Bad”, que desde el primer capítulo su protagonista es diagnosticado con cáncer y se dedica a comerciar con metanfetaminas para evitar que su familia gaste en su tratamiento. El público justifica sus acciones ilegales porque hay justicia en su objetivo y perdona si en el camino -o en los capítulos- tiene que matar a uno o más personajes.

Y por último, el recurso de toda la vida en las series y telenovelas de la televisión abierta: el suspenso al final del capítulo. En las plataformas de streaming, hasta ahora, no hay comerciales para enganchar al espectador con lo que sucederá en el próximo capítulo. Así que se termina cada episodio con un punto alto e inconcluso para generar esa expectativa.

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Después de escuchar este periodismo de vida, te pregunto: ¿Te identificas con estos puntos que acabo de mencionar? ¿Habías analizado por qué te vuelves adicto a las series? ¿Cuál es tu serie favorita en este momento?

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