Hace ya 15 años, en julio de 1991, algunos tuvimos la oportunidad de presenciar el eclipse total solar más largo del siglo pasado. El llamado “gran eclipse” pudo ser visto en distintos lugares del mundo, entre ellos la Ciudad de México que, debido la gran de difusión en distintos medios de comunicación, activó diferentes explicaciones de orden científico, histórico-mitológico, de políticas públicas, llegando incluso a la superstición y el delirio new age.

En aquella ocasión, el eclipse total de sol funcionó como muestra de las distintas implicaciones que un fenómeno natural puede tener a nivel cultural. La explicación científica de un eclipse es clara y los astrónomos la enuncian como: “un fenómeno que se produce cuando la Luna oculta al Sol, desde la perspectiva de la Tierra; esto sólo puede pasar durante la luna nueva (Sol y Luna en conjunción)”.

A nivel mitológico podríamos recuperar la manera en que eran percibidas estás situaciones; por ejemplo, la cultura maya que a pesar de saber que eran fenómenos regulares, se vivía con incertidumbre la condición porque se consideraba que traían consecuencias negativas como un indicio de guerra. Los mayas creían en los eclipses como “una lucha entre los dos astros más importantes: La luna intentaba devorar la luz y energía del sol, que a su vez era la principal divinidad”, explica la doctora Estela Ocampo de la Universidad Pompeu Frabra en Barcelona. Los mitos presentan los eclipses como un paso por el inframundo, pero el final el sol resurge restableciendo el orden natural del cielo.

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Aunque, en la actualidad los creencias alrededor de los eclipses son marginales, en ocasiones toman relevancia, como en el caso del “gran eclipse” de 1991. En México, aquel acontecimiento generó psicosis colectiva debido al miedo por observar el fenómeno de manera directa, lo que podía generar ceguera total por quemadura de retinas, además de disparar versiones donde el delirio y la tradición popular se reunían, como el hecho de que podía ser peligroso para las mujeres embarazadas y que, en conjunto con el avistamiento de ovnis, era una señal del fin del mundo. También, como pretexto de ocasión, la compañía Volkswagen presentó su modelo “Eclipse”, del automóvil Golf.

Frente aquella situación, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari creo la “Comisión Intersecretarial para el Eclipse”, un organismo que además de informar mediante comunicados y conferencias sobre el eclipse, mandó a fabricar y distribuir unos filtros metálicos para asegurar la salud de la población. Por supuesto, el fenómeno en aquella ocasión funcionó, como señala Carlos Tomasini, como promoción de la imagen del gobierno que protegía la salud pública.

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Así se vivió el 11 de julio de 1991 el “gran eclipse”, cuando se hizo de noche durante el día, se detuvieron las clases y actividades por 6 minutos y 54 segundos, para que la gente pudiera observar el fenómeno. Las aves volaban a sus nidos, la temperatura descendía unos grados, y la gente gritaba o incluso rezaba. De forma segura y protegidos de cualquier malestar, aquí un dejamos un video que documentó la acción en San José del Cabo, en el estado de Baja California Sur:

Por el momento, y mientras esperamos los siguientes eclipses, para recuperar la gran plasticidad metafórica de el momento «cuando el sol ha sido borrado del cielo», como escribió hace siglos el poeta griego Homero en la «Odisea», les dejamos el link del video de Bonnie Tyler, “Eclipse Total del Corazón”.

 Con información de La Vanguardia, Chilango, National Geographic y YouTube

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