Por: Gargouille Errante

Ayer volvimos y yo sigo sin saber si ya se habrá enterado. He imaginado tantos escenarios como recuerdos guardo. Lo más probable es que lo sepa, que supiera del compromiso y hasta la fecha de la boda. Le llegarán las fotos de la misa y la ceremonia en la playa.

¿Será que lloró?

Sí lloró, pero no tanto como imagino. No tanto como a mi ego le gustaría. Imagino que le dolió más no saberlo por mí, que la noticia misma; siempre supimos que eso que hubo, eso que hay… es diferente al amor.

No fue la primera mujer a la que le preparé pasta, pero sí la única a quien nunca antes le habían preparado una. Es a la única mujer a quien jamás le di flores, no merecía quedarme en ese recuerdo, alguien con más probabilidades de permanencia tenía que guardar aquella dicha.

Es ella el recuerdo más dulce, una ilusión eterna y mi estancia más duradera en la inocencia.

No era una belleza alucinante, no lo es. Me sé cada una de sus imperfecciones, desde los dedos torcidos de los pies, pasando por las caderas que nunca fueron, hasta el mentón y los pómulos prominentes. Todo junto, todo en ella alcanza una armonía que obliga a verla con detenimiento.

Sus ojos enormes me miraban con tanta atención que me hacían sentir importante. La gracia de sus palabras me impedía molestarme con ella. De ella recuerdo todo y todo es bueno, de nuestros días compartidos recuerdo solo la felicidad y el buen humor, esos compañeros presentes hasta el último día.


Querida mía: te dije que la vida no era así, que no es dolor ni decepción, ahora sabrás que solo aparenta serlo, hasta que llegan amaneceres bailando frente a un balcón, serenatas en otros pisos que se vuelven tuyas, cervezas compartidas en un sillón o un libro en la mano.

Ayudó no vernos, ¿cierto? Sé que pensaste odiarme cuando lo mencioné y sé que pronto coincidiste. ¿Cómo no darnos un adiós contundente cuando cada minuto en unión fue así?

Siempre supimos que así sería. Pienso que lo sabías y fingiste sorpresa, como cuando llegaba cada martes con el café de siempre. Fue por eso que nunca contaminamos nuestro universo con los pedazos de vidas pasadas. Fue por eso que pareció fugaz.

Cariño, estas palabras escritas no van a llegarte, pero no harán falta porque ya te las he dado todas, porque somos fragmentos de esos días acabados y esas noches perdidas. Porque hoy las digo con la misma boca frente a una cabellera rubia y el conjuro es otro. Me emociona.

No lloras, ya lo sé. Soy yo, que me lloro al pensarte, y al pensarte río. Conozco el amor y sé que esto es algo más fuerte: eres la idea encarnada de la vida que no será, eres el testimonio de las risas que se fueron y eres la voz que no he de escuchar más.  

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