Después de la emergencia por el terremoto del 19 de septiembre, el Popocatépetl ahora está llamando la atención con las constantes explosiones y emisiones de ceniza que invitan a sospechar que esta nueva etapa eruptiva está lejos de terminar.

¿Tuvo algún efecto el terremoto del 19 de septiembre en el volcán?

Responder esta pregunta de forma concreta es muy difícil por la complejidad inherente del monitoreo volcánico. De forma intuitiva tiene sentido encontrar una relación si se utiliza como una analogía simple el golpear (sismo) una botella de refresco (volcán) y que después salga su contenido (magma) hacia la superficie; el efecto que pudo tener el sismo dentro de la cámara magmática del Popocatépetl no es del todo conocido o bien entendido, pero efectos de un incremento en su actividad ya ha sido observado anteriormente luego de un sismo regional.

Si hacemos memoria, un día después del terremoto de Tehuacán M7.0 del 15 de junio de 1999, el Popocatépetl registró un enjambre sísmico que marcó el inicio del crecimiento del domo de lava más grande que ha tenido el Popocatépetl, aunque este aumento en su actividad no fue inmediato. Para diciembre de 2000, el tremor, que indica el ascenso de magma hacia la superficie, registró el nivel más alto indicando un rápido crecimiento del domo. Esta actividad culminó el 22 de enero de 2001 con una explosión muy fuerte que generó flujos piroclásticos y lahares (flujos de lodo) destruyendo aquel domo.

Antes del terremoto del 19S, el Popocatépetl ya venía presentando algunos precursores que señalaban una posible erupción con más de 40 sismos volcanotectónicos la semana previa a esa fecha. Horas después del terremoto del 19S, ocurrió otro enjambre de sismos volcanotectónicos Este comportamiento fue muy similar al de 1999 con la diferencia que el sismo de aquél año ocurrió a 145 km de distancia del volcán y este último a solo 65 km siendo algo que debe tomarse muy en cuenta.

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En conjunto, los sismos volcanotectónicos, tremor y exhalaciones durante finales de septiembre, dieron inicio a una serie de explosiones fuertes que destruyeron un domo de lava que se había estado formado muy lentamente durante los últimos meses. Al menos ocurrieron otras 4 explosiones importantes relacionadas con esta etapa del Popocatépetl.

Imagen: fuerte explosión del Popocatépetl durante la madrugada del 5 de octubre.

Para el 8 de octubre, un nuevo repunte en los sismos volcanotectónicos, exhalaciones y minutos de tremor, sugerían el inicio de la formación de otro domo de lava que hasta el momento continúa; a esto se suma que ha sido muy notorio el aumento de actividad con las largas exhalaciones o emisiones de ceniza durante los últimos días.

¿Y qué esperan para cambiar el nivel de alerta?

En pocas palabras, y como lo mencioné en una columna reciente, todos los parámetros deben mostrar cambios importantes y/o mantener ese incremento en el tiempo. Vulcanólogos y científicos de Cenapred analizan toda esta información en conjunto para diagnosticar el comportamiento futuro del volcán.

Y enfatizo lo siguiente: las decisiones sobre cambio de alerta y evacuaciones no son tomadas por el simple hecho de ver mucha ceniza o explosiones con fragmentos incandescentes o porque la gente tenga la percepción de ver eventos peligrosos y les genere miedo.

El cambio de alerta se origina cuando se reúne el comité científico asesor del Popocatépetl integrado por especialistas de Cenapred y científicos de la UNAM, en conjunto, realizan un diagnóstico donde se plantean escenarios probables con base en todos los parámetros obtenidos de tal forma que puedan emitir las recomendaciones pertinentes a Protección Civil para que finalmente la Secretaría de Gobernación declare el cambio en el nivel de alerta.

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Imagen: tener sismogramas públicos, es una gran referencia sobre el estado actual y no para realizar pronósticos. Cenapred se encarga de analizar e interpretar los sismogramas de todas las estaciones.

Por ahora, el principal peligro es la emisión de ceniza y los riesgos a la salud asociados (enfermedades respiratorias). En estas fechas los vientos han estado cambiando de dirección y la ceniza se ha estado dispersando desde Morelos hasta Puebla siendo poco probable que llegue hasta CDMX durante estos meses por las condiciones de los vientos dominantes.

El mayor riesgo, ante cualquier episodio explosivo, está contenido en las proximidades del cráter donde los fragmentos que arroja el volcán (grandes, pesados y muy calientes) pueden alcanzar distancias de hasta 2 km, esto quiere decir que las poblaciones aledañas al volcán no están en riesgo inminente mientras la actividad permanezca dentro de los niveles que se han observado estas semanas.

Imagen: mapa de peligros por fragmentos balísticos (trozos de lava lanzados como proyectiles).

Hay que estar muy pendientes de la evolución del Popocatépetl. La principal recomendación en estos tiempos es evitar los rumores y mantenerse informados con fuentes confiables.

México ya debería ser una sociedad preparada ante los múltiples peligros naturales a los que nos enfrentamos cada año. La falta de conocimiento y preparación, son algunos factores que vulneran mucho a la población y en el caso de erupciones hay mucho tiempo para estar preparados vivas cerca o lejos de un volcán.

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