Desafío a la lógica

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He dirigido revistas como Men'™s Health, ESPN Deportes y SOBeFiT, pero mi pasión es ver, analizar, diseccionar, eviscerar y disfrutar pelí­culas, tanto en el podcast Finí­simos Filmes como en diversas colaboraciones y columnas. Maté a un hombre en el ring. OK, quizá no, pero serí­a una gran historia'¦

Para variar un poco el estilo de estas reseñas les propongo algo: vamos a enumerar todos los elementos en contra del estreno más esperado de la semana: ‘Blade Runner 2049’ (d. Denis Villenueve), con el fin de apreciar correctamente el producto final:

  • Es una secuela, en un clima cinematográfico que ha sido particularmente duro con otras secuelas durante los últimos dos años.
  • No sólo es una secuela: es secuela de un filme que se estrenó en 1982. ¿Recuerdan cómo le fue a la secuela de ‘Día de la Independencia’, una película que tardó “solamente” 20 años en entregarnos su segunda parte? Bueno, la original ‘Blade Runner’ se tardó 35.
  • No es dirigida por el realizador detrás de la emblemática cinta previa, Ridley Scott.
  • La estrella de la primer película hoy cuenta con 75 años de edad, y aparece a cuadro bien entrada la segunda mitad de la cinta.
  • Hablando de tiempos, esta película es una existencial y filosófica reflexión sobre la naturaleza de la vida, el valor de las memorias y la condición humana… contada en 2 horas con 44 minutos.
  • La secuencia de acción más prolongada dura aproximadamente 180 segundos.
  • Para resumir otra docena de puntos, recordemos que la original ‘Blade Runner’ es quizá la película que se atrevió a redefinir el género de la ciencia ficción, desde el punto de vista narrativo como estético, y constituye un auténtico parteaguas en la historia del cine.

Pero no sientas presión, Denis Villenueve. Tú dirige tu película y luego nos encargaremos de destrozarla.

Ah, pero hay un problema en esta percepción: ‘Blade Runner 2049’ no solamente cumple como digna secuela de su predecesora. No tengo duda en afirmar que se trata de una seria contendiente a la mejor película del año. Y argumentos sobran.

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Partamos de la historia: el agente ‘K’ (Ryan Gosling) es un eficiente ‘Blade Runner’, un programa especial de operativos policiacos que se dedica a cazar “replicantes”, organismos cibernéticos virtualmente idénticos a los humanos que fueron desarrollados para realizar labores pesadas, pero que de pronto se rebelaron y provocaron un conflicto a gran escala al darse cuenta de su existencia y de los fines para los que fueron creados. Esta premisa es la misma de la cinta original, pero en esta versión sabemos que aún quedan remanentes de dichos disidentes robóticos, y que el programa de búsqueda y eliminación ha sido revivido.

El mundo, por desgracia, no luce mejor que el que conocimos hace una treintena de años. El cambio climático ha dejado la tierra como un árido yermo dependiente de cosechas sintéticas y del consumo de insectos como fuente de proteína para subsistir. La misma identidad nacional parece haberse amalgamado en un sistema de castas donde una mínima oligarquía al mando de los grandes conglomerados comerciales rige los destinos del mundo. Y dicho mundo ahoga sus penas con vicios baratos, entretenimiento vacío, placeres de índole virtual y otros escapismos distópicos, en una maraña de aglomerados edificios donde sus ocupantes parecen hablar todos los idiomas y ninguno a la vez.

Vemos este triste mundo a través de los ojos de ‘K’, quien trabaja con mecánica diligencia y después vuelve a un diminuto departamento donde idealiza la figura de su “esposa virtual”, una inteligencia artificial de producción llamada Joi (Ana de Armas). ¿Recuerdan la tristeza que inspiraba el romance del personaje de Joaquin Phoenix al enamorarse de la voz de su dispositivo móvil en ‘Her’? Bueno, la versión de esta película hace que aquello parezca una comedia romántica de Reese Witherspoon.

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Cuando ‘K’ captura al imponente replicante conocido como Sapper Mortin (Dave Bautista), también desencadena una serie de hechos que llaman la atención de varios frentes de interés. Su superior, la Teniente Joshi (Robin Wright) le exige un seguimiento profundo del caso que parece involucrar a una red de añejos fugitivos e incluso a una persona menor de edad, y la encomienda final es “desaparecer” a quienes estén relacionados con este misterioso asunto. Por otro lado aparece Luv (Sylvia Hoeks), fiel asistente del genio billonario Niander Wallace (Jared Leto), representando intereses oscuros que parecen estar relacionados con la creación de nuevos modelos de replicantes cuya obediencia ciega hacia sus amos humanos les hace muy deseables en la época presente.

Los tintes de “film noir” se siguen respetando entre las dos versiones de ‘Blade Runner’ con una metódica y nostálgica realización que evoca un mundo más deseable e imposible de lograr. Los juegos de memoria planteados por las pesquisas de ‘K’ le acercan poco a poco a la figura de Deckard (Harrison Ford), ese mítico cazador de “sintéticos” que desapareció del mapa en circunstancias inexplicables y que ahora parece encerrar parte de la respuesta a un enigma más profundo. Poco a poco vamos develando capas de una historia que no busca complicarse la existencia, sino tratar dicha existencia y sus motivos como elemento clave para entender por qué es importante determinar la verdad en un mundo donde no podemos confiar siquiera en que nuestras propias memorias sean genuinas.

La producción no escatima en esfuerzos para dejarnos inmersos en esa California distópica que enfrenta el ocaso de la humanidad con una indiferencia disfrazada de estoicismo. Villenueve optó por crear escenarios reales y no por apoyarse en la pulcra comodidad de los gráficos computarizados, y el efecto es palpablemente cautivador. La cinematografía de Roger Deakins posee una poética aproximación a la tragedia que tiñe aún los momentos de aparente levedad con un manto impenetrable de desolación. La banda sonora desarrollada por Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch se apoya claramente en el imprescindible trabajo que hizo Vangelis con la película original, brindando una idea de continuidad admirable.

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No se puede pasar por alto las interpretaciones. Gosling posee un peso escénico apoyado más en sus silencios que en sus parlamentos, perfeccionando un rol que parece inspirarse en el que inmortalizó en ‘Drive’ (2011). Ford convierte el cinismo en una forma de expresión instrumental para identificarnos con este Deckard de costumbres ermitañas. Y hay que aplaudir las actuaciones de Hoeks, Wright y de Armas como variaciones claras sobre un mismo tema: mujeres cuyo poder radica en saber qué es lo que las motiva a seguir sus objetivos, sin importar si se trata de lealtad, sentido del deber o simple devoción.

‘Blade Runner 2049’ rinde homenaje a su antecesora de una forma por demás elegante y elocuente. Su intelectualidad le juega siempre a favor, y su genuina reverencia por el material base aporta el esencial ingrediente de la legitimización. Villenueve no se conforma con cumplir en la dirección: es como un virtuoso que se apoya en un tema inmortal para crear una versión propia que se sostiene por mérito propio, sin olvidar jamás sus valiosas raíces. Los recuerdos que puedas tener de la original ‘Blade Runner’ se mantienen vivos porque les hemos dado vida a través de su discusión constante y su impacto en nuestra existencia. Es claro que este nuevo filme merece renovar dicha discusión en un plano todavía más trascendente: el de haber rebasado las expectativas sin cometer una traición contra sus raíces. El mito está a salvo, pese a las múltiples amenazas en su contra. Hay una lección muy valiosa ahí.

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