Artesanías mexicanas “made in China”

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Licenciada en Economía por la UMSNH.

Consejera Nacional y Estatal del PAN.

Ex funcionaria pública. Orgullosa madre de familia.

Bien dicen que las artesanías pertenecen a un mundo anterior a la separación entre lo útil y lo hermoso, donde el arte reúne la utilidad, tradición y belleza. Según Octavio Paz, las artesanías dan lecciones de sociabilidad, sensibilidad y fantasía.

Lamentablemente, la economía de al menos 170 comunidades indígenas de Michoacán que dependen directamente de las artesanías, se encuentra suspendida. Aproximadamente 12 mil familias han vivido de la manufactura típica durante tres generaciones y hoy ha comenzado a abandonar la actividad ante la baja venta de sus productos.

Paradójicamente, la escasa comercialización que se registra en las artesanías del estado no se debe a la falta de demanda o interés del turismo, sino a la presencia de productos piratas de origen chino, que están causando una competencia desleal, al ingresar al país en forma de contrabando.

Las artesanías chinas que se comercializan en Michoacán y en todo México, simulando ser productos de manufactura local, copiados fielmente de nuestras tradiciones, entran al país de forma ilegal. Mientras tanto, para la mayoría de los artesanos el ingreso económico por la venta de sus productos ha disminuido hasta un 80 por ciento, dado que en muchos de los locales comerciales de mercados y centros artesanales de las principales ciudades se ha optado por comercializar los productos de origen chino, los que se ofrecen a un precio más bajo.

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Un claro ejemplo de este escenario lo vemos en Paracho, en donde los artesanos michoacanos han elaborado por décadas guitarras de la más alta calidad. En la actualidad, los chinos han invadido el mercado con guitarras piratas, idénticas en forma, pero no de la misma calidad que los instrumentos michoacanos. Se estima que debido a esto, la producción y venta de los instrumentos musicales ha caído casi un 70 por ciento.

La piratería de las guitarras michoacanas ha llevado a una aguda crisis económica en la región, ya que por lo menos 200 talleres de laudería han cerrado en los últimos 30 años. La mayoría de los productores se ha tenido que ir a Estados Unidos a buscar empleo.

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De acuerdo con la Asociación Mexicana de Fabricantes de Artículos para Regalo, Decoración y Artesanías (AMFAR), la industria nacional ha sufrido una pérdida de más de 40% de participación en el mercado y ventas por la piratería y el comercio desleal procedente de China.

A pesar de que existen programas como el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) y la elaboración de un Padrón Nacional Artesanal para que los artesanos del país puedan contar con una credencial de identidad con los mismos criterios de inscripción en todas las entidades federativas, dentro del ámbito artesanal necesitamos una ley que regule dicha actividad y el fomento de ésta por parte de los diversos actores institucionales, organizacionales, públicos y particulares, centrada en los productores, además que la Ley de Fomento vigile e impida que se burocratice la comercialización de productos artesanales en las instituciones, pues cualquier criterio comercial es una institución pública que conduce a la exclusión y a la discriminación.

Es necesario trabajar en una ley que brinde beneficios directos al artesano y a su actividad, contemplando el derecho a la seguridad social, la oportunidad de un retiro digno, un esquema en el cual los alumnos de las instituciones educativas de nivel medio y superior puedan liberar su servicio social en talleres artesanales como contadores, administradores, diseñadores gráficos, especialistas en mercadotecnia, diseñadores industriales, ingeniería mecánica, entre otras posibilidades.

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Fomentar convenios entre las organizaciones de artesanos y las universidades para llevar a cabo proyectos en beneficio de las técnicas artesanales, su comercialización y la realización adecuada de proyectos, de manera que tengan acceso a recursos gubernamentales, estudio e investigación y manejo de proyectos sustentables para la obtención de materias primas.

Y lo más importante, no “regatear” cuando tratemos de comprar una artesanía mexicana, ya que cuando lo hacemos, demeritamos el trabajo incuantificable que los artistas dan para elaborar no solamente una artesanía que se venda, sino una pieza única.

En México hay una gran riqueza cultural y las artesanías son una expresión destacada de la diversidad que identifica lo mexicano. ¿Por qué no rescatamos lo nuestro? Es mi opinión…

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Licenciada en Economía por la UMSNH. Consejera Nacional y Estatal del PAN. Ex funcionaria pública. Orgullosa madre de familia.