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Acerca de 

Psicoanalista y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. Docente de posgrado y ex coordinadora del Doctorado de la Asociación Psicoanalí­tica Mexicana, por su interés en la investigación en temas relacionados al psicoanálisis. Autora de diversos escritos tanto académicos como de divulgación y dos libros: 'Mitos del Diván' y 'La compulsión de repetición: La transferencia como derivado de la pulsión de muerte en la obra de Freud.'

Coautora del libro "Misión imposible: cómo comunicarse con los adolescentes" junto con Martha Páramo Riestra de Editorial Grijalbo 2015

(De nuestro libro “Misión Imposible: Cómo comunicarse con los adolescentes” (Con la Dra. Martha Paramo, de la Editorial Grijalbo, 2015).

La adolescencia se considera como una etapa en el desarrollo en el que se presenta una reestructura de todos los aspectos psíquicos. El adolescente, entre los 15 y 18 años debe desprenderse de su identidad infantil para encontrar una identidad propia, como creación de un sentimiento interno de mismidad y continuidad – “saber quién soy”- y por ello se identifica temporalmente con figuras externas al medio familiar, lo que puede ser beneficioso o perjudicial, dependiendo de si su elección se hace desde las partes más sanas de su psiquismo, o desde su conflictiva interna. En esta necesidad de integrar una representación del sí mismo, separada de otros, necesita desprenderse de las imagos parentales y por ello rebelarse ante las estructuras impuestas por ellos. Sólo así podrá encontrar lo propio; valores, ideología, ideales, venciendo el anacronismo de los padres y de la sociedad. Esto será la base de su proceso de individuación.

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Por otro lado, al tratarse de un proceso biopsicosocial, tenemos la injerencia de los cambios corporales con secreciones hormonales tormentosas y transformaciones físicas importantes. Así mismo, las dudas frente a la identidad sexual, y la curiosidad y creciente exploración en esa área igualmente traen una marea de miedo y de confusión.

La confusión permea la vida del adolescente en cuanto a todos sus roles; en la familia, en la sociedad, en su sexualidad, con respecto a su cuerpo, su identidad y la dirección de su vida.

El resultado es la ansiedad.

Ante los cambios físicos, emocionales, psicológicos y de roles dentro de la familia y la sociedad, el adolescente se encuentra a merced de una ansiedad continua y tiene la necesidad de darle salida o controlarla.

Otro “Síntoma” del “síndrome normal” de la adolescencia (como dice Arminda Aberastury) son las fluctuaciones del estado de ánimo con tendencia a la depresión, y esto se debe fundamentalmente a que el adolescente debe elaborar varios duelos: Por los padres de la infancia, por el cuerpo de la infancia y por la identidad de la infancia. Esto lo hace un ser extremadamente sensible y receptivo.

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La rebelión del adolescente ante los padres y la sociedad es crucial para adquirir un sentido del sí mismo, adquirir una identidad y obtener independencia, autoafirmación y autonomía. Por ello el joven necesita transgredir las normas mediante sus actitudes, la moda, la música, las drogas y demás.

Debemos siempre tomar en cuenta que las nuevas estructuras mentales del adolescente son inestables y su labilidad emocional genera aún más inestabilidad. Es impulsivo, no prevé las consecuencias de sus acciones, no tiene aún consolidada su prueba de realidad y se encuentra a merced de su emocionalidad.  Es por lo anterior que surge la necesidad de retornar a un continente estable, a través de los padres y el núcleo familiar o del ambiente escolar. Como suelo decir: límites, límites, límites, estables y claros. Es ña única forma en que el adolescente se sienta contenido y protegido, y pueda así dirimir su ansiedad.

El ámbito escolar resulta ser crucial para el adolescente porque le permite practicar la socialización con los pares y con las figuras de autoridad externas a la familia. La escuela provee un continente estable y con límites definidos, y también le permite poner en práctica sus nuevas posibilidades intelectuales, pues recientemente ha logrado pasar de un pensamiento de tipo concreto (infantil) a un pensamiento funcional y/o abstracto. La escuela le permite actuar sobre su mundo y modificarlo bajo la acción de sus propias transformaciones. Recordemos que es una edad crucial en la que el joven debe tomar una de las decisiones más importantes para su vida: la elección vocacional. La escuela fungirá entonces como una ventana al mundo.

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De la misma forma, el grupo de compañeros provee un valor de referencia, una ideología compartida, que permiten identificaciones externas a lo familiar, y provee contención a la ansiedad individual. El grupo escolar permite expresar la ansiedad común mediante diferentes actividades recreativas, académicas y deportivas.

Desgraciadamente, la continua falta de respeto y admiración por las figuras de autoridad pone en jaque las posibilidades del adolescente para encontrar un modelo con quien identificarse. Esto es representativo de la crisis social y política por la que estamos transitando mundialmente, como derrumbe de los ideales, que nosotros mismos, como padres, les estamos transmitiendo a nuestros hijos.

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