La personalidad adictiva en la obesidad

Acerca de 

Psicoanalista y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. Docente de posgrado y ex coordinadora del Doctorado de la Asociación Psicoanalí­tica Mexicana, por su interés en la investigación en temas relacionados al psicoanálisis. Autora de diversos escritos tanto académicos como de divulgación y dos libros: 'Mitos del Diván' y 'La compulsión de repetición: La transferencia como derivado de la pulsión de muerte en la obra de Freud.'

Coautora del libro "Misión imposible: cómo comunicarse con los adolescentes" junto con Martha Páramo Riestra de Editorial Grijalbo 2015

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Como ya lo hemos repetido en numerosas ocasiones, México ha obtenido el primer lugar en obesidad infantil, y por ahí se le acerca la adulta, con sus concomitantes riesgos para la salud. Por ello insistimos tanto en el tema, y por eso le pedí a la Dra. En Psicoterapia Vanessa de la Garza Brena (delagarzabv@gmail.com), especialista en  los factores psicológicos involucrados en dicho padecer, que nos hablara de la personalidad adictiva del obeso.

Es mucho lo que se ha dicho sobre la personalidad, el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad. Se han propuesto soluciones desde diversas disciplinas médicas, psicológicas y nutricionales, hasta las rápidas, mágicas y milagrosas. De esta manera el tratamiento clásico consiste únicamente en someter al paciente a una dieta hipocalórica y en la incorporación de la actividad física, sin tomar en cuenta que éstos son síntomas de la obesidad y no la enfermedad misma. Es decir, si bien la modificación de los patrones de conducta alimentaria y el ejercicio físico son esenciales para mejorar los síntomas más evidentes de la obesidad, también es cierto que es necesario reconocer los aspectos psicológicos, ya que su influencia es fundamental en lo que se refiere a los efectos que provoca en el individuo el hecho de perder el peso, o de mantener la obesidad.

Estudios recientes mencionan que las personas obesas que han logrado perder peso significativamente pero sin tratamiento psicológico, a lo largo de uno a tres años, casi el 90% de los sujetos recuperan el peso con el que habían comenzado el tratamiento, con el agravante de que muchos lo superan; por lo que se deben tomar en cuenta los factores psicológicos que de alguna manera precipitan y perpetúan la sobreingesta alimentaria después de haber alcanzado el peso deseable. Luego entonces, el abordaje psicoterapéutico es de fundamental importancia para, entre otros objetivos, lograr que el paciente se adhiera al tratamiento, se le facilite llevar a cabo el régimen tanto físico como alimenticio y tolere la sensación de vulnerabilidad que implica la pérdida de peso.

Por un lado se tiene a una línea de autores que consideran los aspectos psicológicos como causantes de la obesidad, y por el otro lado están los que creen que el aspecto psicológico que presenta el paciente obeso, es una consecuencia de la discriminación social. Lo cierto es que indudablemente dichos aspectos están presentes y es fundamental su conocimiento e identificación para ser abordados si se quiere tener éxito en el tratamiento multidisciplinario.

En cuanto a las particularidades psicológicas que se pueden atribuir a la mayoría de las personas obesas, se tiene la presencia de una dificultad para identificar sus propias sensaciones, no pudiendo distinguir el hambre de la saciedad ni su relación con las emociones; por lo que emplean el acto de comer como respuesta indiferenciada a las emociones más diversas.

Por otro lado, si se buscan características psicológicas comunes a pesar de las distintas personalidades de los obesos, se pueden encontrar construcciones subjetivas semejantes a la de los adictos, por lo que algunos autores hablan de una “personalidad adictiva en el obeso” pues ésta no solo presenta necesidades físico-químicas, sino también un estado emocional relacionado con neurotransmisores y neurorreceptores, que influye directamente en sentimientos y necesidades biológicas.

Siguiendo esta línea, dentro de lo que es la personalidad adictiva, se tiene que ésta depende de cuatro elementos interrelacionados, mismos que encuentran una analogía en la persona obesa:

  1. Objeto Droga: Si bien la comida no tiene efectos tóxicos inmediatos, ingerida en exceso pierde su función nutricional y placentera, para transformarse en un elemento tóxico generando dependencia y enfermedad tanto física como psíquica.
  2. La Persona: Una de las características de la personalidad del obeso es que no tiene límites con su ingesta, ni con su cuerpo ni con su comportamiento, actuando en forma demandante, invasora y a la vez se deja invadir.
  3. La Familia: El funcionamiento familiar se lleva a cabo de tal manera que fomenta la adicción y codependencia desde etapas tempranas.
  4. Factores Socioculturales: La mirada, la aceptación y/o el rechazo de los otros intervienen como regulador de la autoestima, el comportamiento y desempeño social de la persona obesa.

De esta manera, la personalidad adictiva del obeso le lleva a adaptar su estilo de vida al mantenimiento de la adicción bajo la negación de los efectos agresivos, por medio de minimizar, justificar y autoengañarse; actuando con conductas impulsivas, automáticas y manejadas por las emociones. Al respecto  se tiene que, como se menciona arriba, si bien la comida no es adictiva per se, sí lo es la conexión que el individuo establece con ella. De igual manera los vínculos emocionales se establecen con características adictivas: Bajo un modo codependiente, impulsivo, demandante y voraz.

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Psicoanalista y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. Docente de posgrado y ex coordinadora del Doctorado de la Asociación Psicoanalí­tica Mexicana, por su interés en la investigación en temas relacionados al psicoanálisis. Autora de diversos escritos tanto académicos como de divulgación y dos libros: 'Mitos del Diván' y 'La compulsión de repetición: La transferencia como derivado de la pulsión de muerte en la obra de Freud.' Coautora del libro "Misión imposible: cómo comunicarse con los adolescentes" junto con Martha Páramo Riestra de Editorial Grijalbo 2015